DocumentaMadrid- Día 5

VIRUNGA (Orlando von Einsiedel, 2014) – “El país ha sido vendido”

Documental nominado al Oscar y que cuenta con la participación de Netflix y la presencia en la producción ejecutiva de Leonardo DiCaprio, Virunga es una obra que consigue alcanzar la difícil tarea de provocar dos sensaciones contrarias en el espectador: la desilusión al descubrir parte de su trampa y la emoción cuando se encuentra ante parte de su verdad.
Virunga se centra en la lucha por la supervivencia del parque natural del mismo nombre situado en una zona especialmente conflictiva de Congo. Amenazados por la situación política del país, la lucha por el territorio con los grupos paramilitares  y el enfrentamiento directo contra SOCO, una petrolera británica que tiene una concesión para explotar los posibles recursos energéticos del parque (no se sabe qué grupo representa mayor peligro ni, en realidad, cómo de estrechas son sus relaciones entre sí), el reducido grupo de individuos que se empeñan en defender el parque a pesar de todo son los principales protagonistas del documental.
Sin quitar mérito o razón a la propuesta, uno de los principales problemas del trabajo de von Einsiedel es que parece nacer con el principal (y casi único propósito) de movilizar al espectador y provocar en él una reacción y movilización (“visita nuestra web para saber cómo ayudarnos” dicen los créditos finales), lo que termina por contagiar la obra de un cierta tendencia a la manipulación emocional. Así, preciosas y cuidadas tomas de la variada y amplia vida natural del parque enmarcan los tres relatos principales del documental (el de los principales mandos del parque y sus misiones por conocer al verdadero enemigo, el de una periodista que investiga la verdad sobre SOCO y el de los propios animales, centrándose en esta ocasión en la convivencia entre los gorilas de montaña huérfanos y su cuidador) que, en un irregular baile, se entremezclan sin conseguir una armonía en el relato y resultando (sobre todo la parte de la periodista y la de los gorilas) un catálogo de poses y miradas esquivas que no parece estar a la altura de la complicada realidad a la que se enfrentan.
Sin embargo, cuando todo parece ya perdido para el espectador, la guerra real llega hasta el parque y el documental se aleja de la puesta en escena planificada y del preciosismo estilístico como único valor y utiliza sus grandes medios de producción para mostrar un aquí y ahora que coge a todos por sorpresa: el asedio a los habitantes de las zonas próximas, la estampida de los animales, los fuegos cruzados, la huida de un Ejército que abandona a la población… la guerra llegando hasta la puerta de casa. Frente a ella, el documental sabe retratar el caos pero también la voluntad férrea: guardas forestales que se convierten en guerreros y protectores de aquello en lo que creen, periodistas que se arriesgan para cubrir y desvelar una injusticia… personas que dan la vida para salvaguardar la del otro.
Resultando en conjunto una considerable aproximación a los efectos que produce la corrupción, el capitalismo y un colonialismo que lejos de haber sido erradicado, mantiene unos extensos tentáculos que el primer mundo decide ignorar, Virunga resulta el retrato de un mundo solo comprensible dentro de la dualidad entre buenos y malos que, aunque con ciertas intenciones veladas, logrará la ansiada movilización del espectador hacia su causa.
*Los que queden fascinados y conmocionados por el destino de los gorilas deben permanecer atentos a los créditos finales: hay una sorpresa para ellos.

DESDE QUE EL MUNDO ES MUNDO (Günter Schwaiger, 2015)- “En los pueblos la gente te trata como eres. Te miran a los ojos y te ven”

Acostumbrados a relatos de la crisis desde la perspectiva empresarial, política o, directamente, desde el punto de vista (y las consecuencias) de la sociedad metropolitana, a veces uno olvida que hay pueblos, profesiones o familias para las que los tiempos de bonanza hace tiempo que dejaron de ser algo permanente. En una paciente labor de observación y diálogo cercano, el documental de Schwaiger se olvida de la tendencia y se acerca a Gonzalo, un agricultor que reside junto a su familia en un pueblo burgalés de la Ribera del Duero, y que trabaja día a día para poder sacar sus cultivos y sus viñas adelante.
Complementando esta convivencia de un año con la familia protagonista con detalles de todo un pueblo, Gonzalo y su familia encarnan un tipo de existencia comprometida en actos y valores con aquello en lo creen y respetan- sea esto una determinada actitud ante el trabajo o un largo viaje en coche para ayudar en la exhumación de fallecidos durante la Guerra Civil. Pero a pesar de su esfuerzo y su empeño (y esas subidas de tensión), el estilo de vida familiar ya no es sostenible: ni en costes, ni en perspectivas laborales, ni en un contexto que se esfuerza por conseguir un futuro en el que las formas y las necesidades del pasado se ignoran e, indirectamente, se desprecian. La tendencia, desde que el mundo es mundo.

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