Festival Internacional de Curtametraxes Curtocircuito: Penínsulas

El Festival Internacional de Curtametraxes Curtocircuito celebra esta semana en Santiago su 11ª edición. Dándonos la oportunidad de asistir al Festival como acreditados (¡nuestra primera acreditación!), comenzamos a repasar los documentales programados en la primera jornada de Curtocircuito.

SECCIÓN PENÍNSULAS

BUENOS DÍAS RESISTENCIA (Adrián Orr, 2012). “Somos un equipo y aquí cada uno tiene su función”

Cualquier casa en la que hay niños pequeños amanece con la misma lucha diaria: la de conseguir que los niños se levanten, se arreglen y lleguen a tiempo al colegio. En la casa de los Ransanz esta pelea se hace quizás más intensa al ser un solo progenitor, David, el que tiene que conseguir poner en marcha a sus tres hijos.
Con una cámara testigo que no interviene y que durante las largas secuencias se deja seducir por gestos cotidianos (y no en lo que hace más ruido), Buenos días resistencia gana al espectador por saberse hacer invisible y, en lo convencional de la propuesta (en lo formal y también en lo cotidiano de la situación), 
conseguir captar la especial relación entre un padre entregado y unos hijos que reciben ternura y dedicación absoluta. Sabiendo plantear en un primer momento una sombra de preocupación y duda, los pequeños detalles son los capaces de retratar y relativizar una mañana en la vida de una familia que, como muestra el plano final,en el fondo, no se diferencia de la de todas los demás.

DIARY OF HUNGER (Mireia Pujol, 2014). “Mamá, he sufrido mucho”


Hay imágenes que estamos acostumbrados a ver en los medios de comunicación en relación con la inmigración en España: las vallas, las concertinas, los saltos frustrados, la intervención de las fuerzas del orden… ¿pero qué pasa antes de lanzarse hacia la frontera? ¿qué ocurre con los que consiguen pasar al otro lado? ¿cuál es la realidad más allá del titular de cifras e intentos?
Realizado a medio camino entre el documentalismo (con una estétetica influenciada por el fotoperiodismo de denuncia) y un llamamiento público, Diary of Hunger busca mostrar la crudeza de la situación a ambos lados de la frontera de Melilla: tanto la penosa situación de carencias y espera en el Monte Gugurú como la incertidumbre que les aguarda cuando llegan a territorio español.
Contando con la participación de aquellos que han conseguido cruzar la frontera y que se atreven a contar su historia y sus miedos, el cortometraje de Pujol gana en las secuencias que no son fruto de una puesta en escena preconcebida (la llamada a casa o las imágenes de la Guardia Civil que muestran a los inmigrantes intentando esconderse inútilmente de cámaras con visión nocturna) por la necesaria bofetada de realidad que aporta al espectador.

CINZA (Micael Espinha, 2014)


Con una Portugal suspendida en el tiempo, fotografías de progreso vacío y de la soledad impersonal se suceden una detrás de otra. Máquinas, museos, construcciones, salas, instalaciones… lo público y lo privado habitado sólo por un silencio manchado de ruidos y de zumbidos, del paso de nada.
Un discurso de Salazar de 1963 surge de una radio para llamar a la población a la lucha contra el bolcheviquismo, abogando por la defensa del país y la contribución por el progreso nacional.
De todo aquello, solo quedan cenizas.

LA PASIÓN DE JUDAS (David Pantaleón, 2014). “Judas, ¡traidor!”

Con un tono festivo y de complicidad con el espectador, La pasión de Judas consigue realizar una relectura diferente de este momento tan significativo del cristianismo sin resultar irreverente.
Siendo esta la tercera colaboración de Pantaleón con el Centro Ocupacional para personas con discapacidad de Valleseco, en esta peculiar representación de La Pasión de Jesús se combina tanto la inclusión de la celebración de la Fiesta de Judas (en la que se quema una figura que representa a Judas Iscariote) como de canciones (bien a base de intertítulo o a golpe de rumba) que aluden con precisa literalidad a la traición, a la hermandad o a la falsedad que rodea al amor (y que, en este caso, encajan a la perfección con el pasaje biblíco).
Con una puesta en escena simple que parece aludir a la imaginería de la Semana Santa (con esas bolsas de papel a modo de capuchones) y que se desarrolla en base a cuadros o escenas que abarcan desde La última cena hasta la crucifixión, La Pasión de Judas resulta tanto una evidencia del trabajo que el director lleva a cabo en el Centro Ocupacional como una refrescante obra de exploración etnográfica de las tradiciones de Valleseco.

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